Ensoñaciones, Uncategorized

Co(n)razón de loba

Y camina Minerva con su fuerza y su intuición, con su empuje y su valentía, con su miedo y su esperanza…por un bosque cubierto por las hojas desprendidas de árboles de ensueño, un paisaje onírico creado para ella… atraviesa este escenario de contornos difuminados con la certeza de que la lucha no será encarnizada, tampoco en vano: que la sangre que se derrame será la que purifique, la que oriente el cambio, la del reconocimiento, la sangre que atora la creatividad, la que eliminará rastros de dolores anteriores, y permitirá dolores nuevos y gozos diferentes, nacer, morir, nacer… No esta sola, una loba negra y fuerte camina delante, detrás y dentro de ella.
Y se detiene Ana, con su fuerza y su intuición, con su empuje y su valentía, con su miedo y su esperanza…dentro de un paisaje onírico creado por ella, observa en silencio…reconstruye los pasos en base a las sensaciones físicas que dejaron sus estados de ánimo… escucha sin juzgar cada milímetro de su cuerpo. Irreconocible a la vista,  muy lejos del cuerpo que la sostenía un año antes…pero inequívocamente suyo: con idéntico mapa de registros reconocible a golpe de respiración y movimientos suaves. Sigue siendo ella aunque la tormenta le sacudiera sin tregua…
Hace tiempo que se detiene Ana, cada vez antes…por falta de fuerzas unas veces; y por intuición las demás. Se detiene tanto tiempo que comenzó a avanzar en sueños, sin miedo a reconstruir escenas de su interior para ser vividas por otra; para poder verlas de afuera, para captar matices y descubrir en la bruma de la noche, secuencias de movimientos con los que soñaba desde tiempo. Y capturarlos, y seguir esperando… Y toparse en el vagar de la diosa por sus sueños, con pedazos de historias que convertir en proyectos… Y Asistir a la transformación alquímica de los frutos de los árboles en sus propias ideas… Materializarse de manera clara su necesidad de hacer las cosas desde otro lugar, desde un lugar reconocido.
Ha caminado en sueños ella también,incrédula con los acontecimientos, con un dolor convertido en silencio sordo en el centro de su cuerpo, sintiendo que el descanso y el desprenderse eran la única opción válida esta vez. Y se ha guiado por movimientos que ablandaban el silencio paralizador, movimientos estudiados y orientados al mínimo gasto de energía para la mayor efectividad, movimientos  que le hacían sentir bien con ella misma, olvidándose del resto. Y encontrar la respuesta y la coherencia. No siempre la que los demás esperaban o consideraban adecuada. Y no ha estado sola, una loba negra y fuerte camina delante, detrás y dentro de ella.
Y soltar en este otoño interminable, como hacen los árboles para dar paso a brotes nuevos. Aprender que el proceso de la vida-muerte-vida, no tiene que devastar a la persona, que soltar las hojas en el tiempo que toca no es doloroso para los árboles, que un sauce llorón no pierde su personalidad melancólica durante el invierno con sus hojas peladas, que su presencia se la otorgan su tronco y la savia que lo mantiene vital en sus cambios invisibles a los ojos extraños. Qué la naturaleza que habitamos nos está habitando. que resistirse a eso es morir un poco… Que si tus tiempos vitales se han acomodado a los tiempos y estaciones de la naturaleza, has ganado¡. Sólo queda observar y confiar.
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En este sueño de meses algunas cosas se han presentado con más claridad que otras, y han vuelto a tomar forma los principales motivos por los que decidí dedicarme en cuerpo y alma, al cuerpo y al alma… Sólo puedo vivir una decisión hasta sus últimas consecuencias, cuando esta decisión y el riesgo que entraña han sido aceptadas con calma, poniendo límites sanos a mi proceso, valorando pros y contras, apoyándome en los amigos, abriendo las compuertas de mi río interior hasta creerme seca, saborear la soledad cuando el miedo y el dolor se han reducido y romperme cuando no he podido más, y perder los nervios y perder el norte…y volverme a quedar en silencio, sin saber qué hacer, sin poder articular cosa alguna, ni dentro ni fuera de mí…Vivir una decisión tomada después de todo este viaje, es la única cosa que puedo hacer…y honrando mi fuerza y mi capacidad de creer me embarco en este proyecto, más lento, pero que reconozco más dulce y me hace más feliz.

Un espacio más pequeño donde reunir grupos pequeños de personas, una clases de yoga y movimiento consciente, de danza butoh en mi visión terapéutica, trabajo corporal desde el contacto entre personas, el estudio y la escucha de las razones del cuerpo para manifestarse de la manera que lo hace… Un espacio cuidado para personas que buscan algo diferente, aún sin saber qué. La posibilidad de tener 3 alumnos en clase y atender a las necesidades físicas y emocionales de cada uno, diseñar las clases para ellos; poner mi escucha y enseñar a poner la suya propia en su respiración y en las partes olvidadas de su cuerpo. Descubrir juntos el camino para volver a uno mismo. Rescatar un lugar y un momento de nuestra rutina para tocar nuestra divinidad dentro de nosotros, para recuperar el contacto con quienes somos, para darnos amor y para darnos mimos. No el yoga como disciplina obligada, sino el yoga como disciplina amada: como un parón de paz y disfrute dentro de la vida. 

Esto ha sido siempre para mí el trabajo corporal, sea con yoga, sea con danza, sea con consciencia sensorial, con los masajes, o con la escalada… crear ese vacío lleno de mí y sólo de mí. Ese vacío con la información más importante de mi ser, ese hueco lleno de mis sueños, de mis necesidades, de mis alegrías y de mis penas; ese lapso en el que yo misma cobro sentido y me hago enorme, sin límites definidos…y lo abarco todo… y todo me abarca a mí.
Acompañar a la persona que se mueve, al momento en el que se  con-mueve.

Encontrar la relación simple y sana con nuestro cuerpo y sus aconteceres… en un lugar cercano, luminoso y con silencio… Re-edificarnos en base a nuestro Impulso Tierno, que nos pone en contacto directo con nuestras necesidades.
Detectar cuales son nuestras verdaderas necesidades requiere paciencia y escucha…tiempo…¿Tiempo? …. TEMPO, el de cada uno, el que cada uno esté dispuesto a darse.
Aquí:

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De todo esta trayectoria he rescatado estos días aquellas clases y opciones que más me han satisfecho durante mi vida. Recuperé las sensaciones y me volví a pegar un baño de ellas, aprovechando la memoria celular y muscular de mi cuerpo. Decidí en base a ellas generar un espacio diferente, asequible y accesible para:

  • Clases de yoga en grupos pequeños.
  • Clases de yoga individuales.
  • Trabajo Corporal Individual o en pequeños grupos.
  • Consciencia corporal y sensorial.
  • Trabajo de rehabilitación individual basado en la “antigimnasia” y el yoga “terapéutico”.
  • Danza butô (consciencia Butô).
  • Meditaciones.
  • Masaje Ayurveda y terapias sensitivas: reiki, aceites esenciales de grado terapéutico, escucha tisular, flores del mediterráneo…)
  • Círculos Con-Movedores de Mujeres. “Co(n)razón de Loba”: talleres de desarrollo personal a través de la literatura, el movimiento y el silencio. Un sábado al mes
  • Experiencias de entrega íntegra al contacto (manipulaciones, contacto de masaje, consciencia sensorial)
  • El camino de Kali. (Grupo de yoga cerrado) Secuancias inspiradas en la asana Kala Bhairavasana : destruir para renacer. 
  • Talleres de fin de semana y Retiros.

Puesto todo en hilera y sin descripción detallada, me parece un mundo inmenso…pero siento que esto es lo que ha estado gestándose dentro y es aquí y ahora donde poquito a poco se materializa.

Estás invitado/a a participar, preguntar, proponer; en definitiva a crear-destruir-crear... con total libertad y total cuidado.

Se acerca el invierno…época de recogimiento y sostenimiento. Se acerca el invierno…época de gestación y silencio.

Se acerca el invierno, precediendo nuestra primavera¡¡

 

 

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Ensoñaciones

L’amor és com la grip: s’agafa al carrer…

…. i s’acaba al llit. 

 

Desde que hace unos cientos de años escuché esta frase en una canción de Dusminguet, se manifiesta en mi inconsciente muy a menudo, aunque no venga a cuento. Entonces pensé que este verbo, así en catalán, era bastante más chulo y representativo, más expresivo de la acción de “coger” que en castellano.
 

Y hoy que siento que dentro todo está en bastante calma,  pero hay algo que es em va agafar a la gola, no consigo soltarlo, y no sé si quiero porque no reconozco que sea algo malo, no me impide hablar, ni cantar (estoy haciendo la prueba), ni sentirme contenta como me siento, ni darme cuenta de que algo está removido dentro y se manifiesta en forma de “nudo en la garganta”.

 

¿Puede ser que la alegría también se agarre fuerte al interior del cuerpo? me pregunto en voz baja y me respondo en voz muy alta. Claro¡¡ tiene que serlo, porque lo que hoy te pasa es pura alegría¡¡
Sin motivo especial, simplemente porque al despertarme ocurrieron varias cosas, la primera: lo hice sin prisas; la segunda: lo hice rozando su piel y oyendo su voz; la tercera: tengo el mejor café del mundo en casa; la cuarta:… podría enumerar un sinfín de razones por las que me siento contenta, afortunada y agradecida. Hoy consciente, otros días no tanto.

Y creo que me doy cuenta de que se me van agarrando a la garganta a medida que me olvido de ellas y me instalo en la queja, en la dificultad, en el miedo, en la incertidumbre mal gestionada. 
Entonces ocurre esto, me siento feliz, tranquila, pero algo me impide disfrutarlo al 100 %. 
Me da que la razón es la dificultad para dejar ir las emociones, sean buenas o malas, como si al dejarlas salir del cuerpo, ya no regresaran jamás, como si sin ellas dejara de saber quien soy… es una forma de egoísmo que me reconozco. Es un miedo que arrastro desde hace siglos. 
Pero ya está bien, a través del silencio y de la música, hoy voy recuperando canciones que me hacen sentir feliz, acuden a mí  imágenes que me transportan a tiempos hermosos…Y tengo ganas de compartir con la gente que quiero.
…y tengo ganas de disfrutarme sola, en calma, en silencio. Ganas de dejarme en paz… de apreciar a la persona en la que me he convertido y en la que me estoy convirtiendo de a poquito, acompañada más o menos, menos o más… pero acompañada. 
Muy acompañada, por personas a las que les ocurre lo mismo, por personas que alucinan cuando les cuento, de personas absolutamente diferentes que gestionan sus cosas desde otra perspectiva y les funciona, de personas pacientes que me sirven de espejo y con sus palabras provocan mi reacción ( la más violenta, porque soy de mecha corta como me dice algún amigo que me conoce de parte a parte) y provocan una conmoción dentro, un cambio que agradezco y agradezco y….. agradezco. 
De pronto me parece que es como dejar que caigan escamas resecas y viejas, inútiles capas de una coraza levantada, ¿para qué?
Absurda manera de seguir adelante acarreando pesos inútiles y reacciones que quien sabe si  me sirvieron una vez ( me dijeron que así se debía reaccionar, o lo ví de lejos… el acaso es que da igual  porque sé que ya no, ya no sirven porque soy diferente, porque mis herramientas son otras, porque mis expectativas son otras, mis sentimientos son otros, mis alegrías son más humildes, mundanas y alcanzables.
Y mis dolores tienen que ver muy mucho con darme cuenta del gasto de luz y alegría que algunos aprendizajes y maneras de hacer, ser y estar me han supuesto. Con sentir que sé lo que quiero y cómo lo quiero y verme en la espiral más veces de las que me gustaría.Sin embargo…… y por aquí comencé el “agefe a la gola” (me perdonen los amigos catalanes),  es esa sensación de nudo en la garganta que noto a pesar de sentirme feliz, la que me hace ser consciente de que, jobar¡¡: avanzo/retrocedo, me tumbo (voy tan cansada que yo ya en lugar de caerme, me tumbo  por si cuela y puedo echar un sueñito) /me levanto, me dejo dar la mano/la desprecio, río/lloro, respiro/practico apnea, me muevo lento/soy una ráfaga ruidosa, escucho propuestas de cambio/ las desoigo absoluta y orgullosamente,  me oigo hablando serena y lucidamente (y a veces hasta, actuando así)/digo cantidad de sandeces (y también actúo en consonancia)… y todo cabe en mi. Esta es la persona que estoy descubriendo, dejando que se muestre y tratando de no fiscalizar ni condenar.
Siento que la alegría se me agarra a la garganta y tal vez no suelto esto porque me está sirviendo para crear espacios más claros entre yo y yo misma. Observo, me exijo, me pongo al límite, me cuido, me permito berrinches… Y como todo esto sigue ocurriéndome dentro, necesito atesorar calma, calma que en mi va unida a la alegría y la capacidad de saber que mi vida es bonita, y no perderme en la queja, en el fundirnos mi bici y yo con el asfalto, en el tener a mis grandes amigos de siempre lejos y echaros de menos.Entonces, ¿Puede ser que la alegría es agafi  fort al cos? en mi caso rotundamente NO.

Lo que me ocurre es que la alegría provoca una sacudida tal en mi cuerpo que da hasta miedo dejar que se manifieste fuera, dejarla salir. Y es que las más de las veces yo necesito tener el control.
Llevo tanto tiempo observando y teniendo bajo control todo lo referente a las secuelas y señales que mi cuerpo registra y trata de expulsar en referencia a cosas mías que me entristecen, me limitan, me irritan, me apagan…que lo que me ocurre es que semejantes descargas de paz y amor, de saber que todo está y estará bien, de aceptación y sentirme valiente y valerosa, de saber que cada paso atrás ya no me aleja sino que me acerca a mí misma…. me son ajenas.
Si señoras y señores, mi cuerpito serrano está acostumbrado a centrar su atención en estas cosas que pesan y quiero liberar porque desde hace tiempo para mi la felicidad está en aceptar quien soy y hacer de mi una persona de la que yo me enamore, que sepa perdonarse, quererse, reprenderse con cariño, que se de descanso. Arduo y flemático empeño, que tiene una meta concreta pero que supone un camino de idas y venidas que desgastan, pero a la vez me hacen sentir conscientemente feliz.
Antes no me ocurría, pero ahora con cada derrota que siento dentro, con cada vez que me enredo y casi me ahogo, con cada sensación de desbordarme y no tener más fuerza, con cada lágrima y cada certeza post lágrima… yo me sonrío y pongo un gramito más en la balanza a favor de mi meta interminable, porque nunca se llega… pero ir caminando empapándonos del camino es ya un regalo en sí mismo. 
Estoy vivo y abro los ojos
compruebo que todo funciona
hay que vivir
no vale la pena sufrir
Hoy estoy PARA SEGUIR .
Andrés Calamaro
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Noemí Villamuza
Y a veces se me olvida todo….. pero no me importa¡¡¡

Descubrir y Disfrutar, Ensoñaciones, talleres, Yoga

Ilustración en movimiento. Nueva Fecha

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Le dimos mil vueltas en la cabeza, y mil vueltas sobre el papel… y mil vueltas más en conversaciones entre nosotras, conversaciones cada una con nosotras mismas, cada una con cada persona inocente que se le ocurría preguntar en qué estábamos… vamos, un infinito divagar sobre la mejor manera de explicar de forma simple y clara lo que nos había juntado en esta aventura.

Ella, aplicada alumna de yoga y amiga, comentaba que en las clases visualizaba cosas, incluso miraba a otros alumnos y definía los trazos de sus cuerpos, se inspiraba en otros mientras ella misma transitaba de una a otra “asana” (esto es lo que se denomina atención plena en la propia práctica de yoga, jeje).
Para mí, estar cerca de ella casi a diario empezó a suponer retomar una curiosidad acallada desde hacía años, el dibujo… Cogí un lápiz y comencé a dibujar, y encontré tantas similitudes entre lo que me empezó a ocurrir mientras tenía que salirme de los moldes rígidos de mi mente y mi imaginación acostumbrada a la necesidad de hacer algo perfecto que los demás valorasen. Tantas similitudes con lo que desde que empecé a vivirme desde el movimiento, a practicar yoga, a entender cómo se producía cada mínimo desplazamiento dentro de mí, a identificar las barreras que rompí con mi cuerpo, y ahora, con una mina de grafito, las estaba rompiendo de nuevo, pero dentro de mi mente, me liberaba y me hacía feliz a partes iguales. El proceso de aprendizaje es el mismo.
Romper esos moldes, y empezar a plasmar en un papel lo que mis ojos veían en realidad, y confiar, y perder el miedo al ridículo, y dibujar con mi alma, y tomarme mi tiempo, y dedicarme ese espacio con lápiz y papel a mí misma, y sorprenderme…. y haber parado el tiempo un instante…. y haber creado algo que me saca una sonrisa y algo dónde yo reconozco mi esencia creativa, mi plasticidad. Y sentirme feliz.

Juntarnos Noemí y yo ha sido una decisión basada en la necesidad de ambas de compartir nuestras herramientas y nuestra experiencia, las ganas de compartir algo divertido y terapéutico, las ganas de abrir fronteras, de liberar miedos, de traspasar límites físicos y mentales, la ilusión por crear con la estela de un movimiento el recorrido gris plasmado con grafito.
Las ganas de viajar en tandem, por que no aceptarlo.

Yo le decía que hay partes del cuerpo que retienen las memorias más ancianas, las de nuestra infancia contradictoriamente ( que es cuando yo recuerdo que pintaba y no sé cuando dejé de hacerlo); así como hay también musculatura que se contrae y distiende en función de estados de ánimo, pudiendo generar síntomas en un cuerpo, o aliviarlos por el contrario.  Que las articulaciones, si las respiras, las sientes, las habitas, las transitas, las reconoces, las mueves conscientemente, te conectan con algo arrinconado, pero por suerte no olvidado….
Y ella me decía: y si pudieramos aunar eso?, la posibilidad de movilizar el cuerpo, de hacernos con él, de habitarlo de nuevo, de mirarnos desde otra perspectiva, sin juicios, con ternura… y además poder jugar y descorchar la imaginación para dibujarlo?. Demostrar que todos tenemos un artista dentro, que nuestra inspiración está en cualquier lado y sólo debemos tener el valor y perder el miedo a conectar con ella.

Como yo no soy una avezada dibujanta pero sí tenía muchas ganas de recuperar mi memoria de los días en los que me tiraba al suelo con un papel y mil lápices,  insistí en que me convenciera de que mi trabajo corporal y su trabajo plástico creativo podían dar un resultado hermoso.

Y ahora, hoy, ya es un hecho.
Este taller, creado con risas, con cariño, con insomnios, con cafés, con clases de yoga, con mil bocetos, con reuniones y con cenas…es un hecho.

Lo presentamos con cariño, a todos aquellos y a aquellas que tienen ganas de jugar, de jugar a ser libres y despreocupados, a coger un lápiz y reencontrar su artista osado, descarado e indiscreto. A conmoverse con su cuerpo, a descubrir que cada cuerpo es un templo hermoso que mirar desde dentro, contemplar sin juicio, habitar sin deudas, invadir sin dudas.
No hace falta ser un gran artista ni tener nociones de yoga o ilustración… únicamente hace falta de tener ganas de  dibujarse el alma tal y como cada uno lo perciba. De atreverse a sentir.

Además como nuestro boceto de taller era algo muy especial,  sólo lo quisimos enmarcar en Can Camps. Un maravilloso lugar cerca de Barcelona dónde soñar con los tonos verdes de la vida, a cuatro pasos de los tonos de hormigón, es una fortuna. Un proyecto de amigos que anhelan hacer pequeños cambios en su vida para producir grandes cambios alrededor.

Como no había manera de no arrojarse a este proyecto, nos cogimos de la mano y saltamos  confiadas.

Es un regalo para nosotras compartir estas 7 horas y ese espacio, ese tiempo dedicado a cada uno y compartido en un grupo, esos trazos que salen de dentro cual cuadriga desbocada, sin freno (sin juicio).

Gracias a todos/as los que nos habéis animado y a todos los que ya estáis planteando la posibilidad de venir a descubrirlo.

Reservo mi plaza

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Agradecer

Hoy no utilicé mi bici, hoy decidí salir con tiempo de casa, y atravesar caminando despacio, el barrio del Born y parte del Gótico hasta llegar al metro. Hoy desde que desperté, incluso antes (durante alguno de los sueños que no recuerdo), la energía que me acompañó fue densa, poco constructiva y de tristeza. Pensé que caminar me ayudaría a despejar mi mente y mi corazón.
Y salí con tiempo… y caminé despacio, consciente de que no había motivo para dejarme arrastrar por el ritmo de afuera, que mi necesidad era otra: mecerme con mis propios pasos, sentir que mi respiración habita dentro de quien soy,  y observar la ciudad sin prisas, admirando la piedra de los edificios y los pocos árboles que en este recorrido puedo encontrar. Y aquí consigo sentirme plenamente consciente de lo afortunada que soy, plenamente.
Y llegando al metro, las cosas cambian, el tren no llega nunca, la gente se impacienta (yo también porque pienso que no hay derecho, que siempre es lo mismo blablabla, bliblibli…), y me quejo en voz baja… y me descubro alimentando el estado que estuve tratando de esquivar durante todo el día. Y resignada salgo a la superficie y camino en busca de un autobús, porque las opciones y el tiempo se redujeron drásticamente, y mi clase empieza en 30 minutos y es casi imposible que llegue a tiempo… y la queja me persigue a una velocidad más rápida que la que he tenido que imprimirle a mis piernas para salvar la distancia hasta el autobús, que llega repleto de gente y no se detiene para que subamos. Resignada (aún no acepté que llegaría tarde, si o si), continúo esperando y cuando por fin llega un autobus al que sí puedo subirme, ya es claro que no llegaré a tiempo. Sentada, ahora sí, acepto que llegaré tarde pues solo quedan 15 minutos para que empiece y yo aún tardaré 30.
Entonces mirando por la ventana empiezo a respirar, más y más despacio, llenando mi cuerpo como enseño a mis alumnos en clase, dejándome sentir cada rincón que mi respiración acaricia, haciendo presente lo que está ocurriendo y deslizándome dentro de mí misma, aflojando la tensión, transmutando la tristeza, reduciendo la queja y dejando que quién sea que me habita tome el control, actúe desde otro paradigma y me permita sentirme y vivirme lejos de lo que está ocurriendo fuera, mostrándome que no es tan importante, que la diferencia la marca la manera de percibir el mundo y los sucesos , que estoy teniendo ene este mismo momento. Consigo avanzar yo más rápido que el bus, y desde donde estoy comienzo a hablar a mis alumnos, a iniciar la clase, a respirar con ellos… hasta que alguien me toca el hombro y me dice que ha habido un accidente en el metro, que alguien saltó.
Y ahora soy de piedra.
Ahora ya no sé que hacer porque mi respiración se ha agitado, mi cabeza da vueltas y mi corazón se está replegando hacia adentro… sólo continúo mirando por la ventana, y veo a alguien conocido arrastrando su bicicleta, con un paquete sujeto en la mano pegado al pecho, caminando despacio (hacia mi segunda clase, lo sé)… y estoy lejos aún (pero ahora de cualquier lugar dentro o fuera de mí).
Y por fin llego a clase,  12 personas esperando sentados, pacientes, sonrientes… les doy una somera explicación y me dispongo a cantar para abrir la clase. Respiro hondo, comienza el Om, y me abre en canal… trato de pronunciar despacio cada palabra del mantra pero cada vibración hace que se me resquebraje la coraza… “lo siento chicos, ha pasado “esto” en el metro y me quedé más tocada de lo que pensé, no puedo cantaros hoy”.
Y comienza una clase en la que una vela encendida (me recuerda lo afortunada que soy, ahora lo voy sintiendo plenamente por segunda vez en el día) para iluminar a aquel señor del metro, para acompañar lo inacompañable… Y la clase me reconforta, parece que cada alumno está poniendo lo mejor de sí mismo en cada soplo que utiliza para seguir mis indicaciones, hoy suaves, más lentas que de costumbre… Y visualizo un corazón que necesita expandirse con cada respiración, que necesita hacerse grande y pequeño con cada respiración, en función de las necesidades de cada momento, y lo comparto en voz alta y  ese corazón  se multiplica por 12.
Y termina la clase. La vela al medio, todos tendidos en savassana y a mi me sale la voz… y cierro con el mantra, con mucha fuerza, con mucha alegría con mucha gratitud.
Por tercera vez me siento consciente plenamente de mi suerte.
Alguien me da las gracias por la clase, otra ocasión para sentirme agradecida y no pasarlo por alto.
El autobús de vuelta a casa, parece querer compensar un viaje tortuoso de ida, y llega rápido, y no hay tráfico y llego al barrio antes de lo esperado. Y me bajo caminado muy despacio, antes de llegar a casa… repasando el día; y nuevamente me detengo, respiro, miro alrededor y sonrío ( quinta oportunidad en un día escabroso, para saber plenamente que soy una mujer afortunada ): en casa, mi compañero que ha estado todo el día a mi lado sabiéndome frágil  hoy, él que no tiene idea de lo que ha pasado esta tarde… me recibirá con una sonrisa. Porque sí, porque se alegra de verme, no hará esfuerzo para mostrar su amor. Y nada más verme entrar por la puerta sabrá que algo ha ocurrido, y (ya lo anticipo) me abrazará…. Y ahí me quiero quedar, en unos brazos amigos, amantes, compañeros, elegidos y reelegidos una y otra vez.

Es sencillo dejarse vencer por los días, pero sin duda es más sencillo dejarse mecer por los gestos mínimos y cotidianos que apaciguan esos mismos días.  Es bien sencillo vivir, si nos quitamos de la cabeza la lucha que implica “sobre”vivir… simplemente vivir y ser y estar en cada momento preciso, aceptando lo que pasa o no está pasando…

Yo hoy entre todas las cosas que pasé por alto, agradezco mi cuerpo y sus funciones sanadoras, agradezco mi trabajo , agradezco incluso la posibilidad de no ver lo obvio y perderme en la queja, para poder regresar con más fortuna y decisión a agradecer a mis alumnos su implicación y entrega en la práctica… Agradezco el compañero que me sostiene y comparte sus días conmigo.
Agradezco ser quien soy y estar dónde estoy.
Antes de cerrar los ojos hoy, agradeceré querer abrirlos bien grandes mañana.

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Gracias
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Formar parte

Formar parte de la vida de alguien se está convirtiendo con el tiempo en algo que necesito agradecer y valorar. Siento que no sirve sólo con estar en la vida de las personas y que éstas estén en la tuya, porque no es sólo estar, porque cada pequeña interacción modifica cosas dentro de una, desde un abrazo hasta un desacuerdo (también la manera de resolverlos); desde compartir un vino hasta cuidar de esa persona cuando está enferma; desde pensar en el tiempo que llevas sin verla hasta darte cuenta de que es el mismo que hace que no la llamas; desde recibir una visita en tu ciudad hasta ser esperado con ilusión en cualquier otra; desde una sonrisa durante una clase hasta un roce antes de dejarte subirte a la bicicleta… y así un sinfín de momentos que pasan desapercibidos.
Sentada en el suelo, con la casa en silencio y por fin, después de una semana devastadora, la cabeza taciturna por el desgaste, también silenciosa…encuentro que entre los rasguños que me he ido haciendo por dentro, como si de reproducir un hormiguero se tratara, se filtra una luz, una sensación luminosa de paz y agradecimiento.
En nuestro día a día hay personas que nos apoyan, que nos iluminan, que nos sostienen, que nos recuerdan lo que hemos venido a hacer, no con palabras, sino sujetando con delicadeza el cabo inicial de toda la maraña que portamos…lo sujetan firmemente y te mueven con suavidad para tomar perspectiva, para que ese cabo encuentre el camino a seguir para desenmarañarse…Según escribo me doy cuenta de que eso es exactamente lo que suelo hacer con la cuerda de escalada cuando se enrolla, la muevo suave y con firmeza, sin inmiscuirme en el recorrido, no uso mis manos (nada de fuerza), que sea el movimiento quien deshaga el nudo y sucede. El nudo se deshace sin resistencia y vuelve la normalidad.

Volviendo al hilo inicial, hoy reconocía que tengo tantísima gente formidable alrededor que todo merece ser vivido con entusiasmo y con la entereza que pueda, porque siempre (al menos en mi caso), si me falta un trocito de este aplomo ellos me lo reemplazan con creces, sitúan con destreza mi mirada en la zona oculta para mí consiguiendo inspirar determinación,  ¿quién dijo miedo?.

Creo que no es algo que me suceda a mí únicamente, el estar rodeado de “monstruos extraordinarios” disfrazados de amigos de “andar por casa“; y se me ocurre que cada uno de nosotros significamos lo mismo para alguien. No hay otra posibilidad y esto me llena las entrañas de cosquillas, así pues este domingo despistado os lo brindo.

Para toda mi escolta de monstruos: Gracias

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 Jabi, gracias por inmortalizar ese instante conmigo misma

 

Ensoñaciones

Bendita afonía

Es curioso esto de las coincidencias, hace unos días, dos personas diferentes, sin nada en común salvo que comparten el mismo nombre, me preguntaban si moviéndome tanto como me muevo no removía demasiadas cosas ahí dentro…(si lo pienso también compartían la cara como de pereza que ponían mientras me hacían esa pregunta). Mi respuesta fue que sí, que claro que se sacaban cosas, constantemente… sin embargo me siento afortunada porque a estas alturas los dolores ascendentes, dejaron de agobiarme. Es decir, sigue saliendo porquería…y sin duda también está que aprendemos a identificar, a reconocer y a reaccionar con mucha más calma. Es como que cuando tenemos tiempo, las soluciones son más acertadas y duraderas. Y cuando nos decidimos a entrar o mejor dicho a dejar salir sin poner etiquetas a las cosas, las cosas salen así…sin etiquetar; curiosamente yo tengo la sensación  de que, al menos en mi caso, es mucho más difícil conservar algo que no sé donde colocar, que no va en el cajón de las “decepciones amorosas”, “sentimiento infantil de abandono”, etc; algo que como no archivo en ninguna etiqueta…se pierde.

Sucede que cuanto más muevo y menos etiqueto, más dejo salir libremente y más espacio físico, mental y emocional tengo para comprender y no reaccionar enganchándome.

Quiero exculpar al cuerpo, recordando que cuando hablamos de movilizar cosas estancadas y/o ancladas, no podemos olvidar que el cuerpo tiene memoria, pero no únicamente memoria para lo malo. Las memorias del cuerpo abarcan la extensa gama de experiencias conscientes o no que tuvimos a lo largo de nuestra vida, buenas y malas. ¿Quién no ha tenido una sensación de felicidad plena mirando las olas, por ejemplo; o sintiendo el sol caliente en la cara en pleno invierno? algo que la mayoría de las veces reconocemos como ya experimentado, y posiblemente haya sido así. Cosas que pasan desapercibidas para nuestra mente, pero nuestro cuerpo/corazón atesora.
Trabajando el cuerpo, destrabando con dulzura, soltando lastres ignorados…obtenemos al principio un sentimiento de inquietud e incomodidad que asusta; después una ligereza, fortaleza y flexibilidad necesarias para comenzar a ser y existir de otra manera tomando decisiones más cercanas a nuestras verdaderas necesidades.

En realidad se trata de eso, la mayoría de nosotros hemos desaprendido el lenguaje de nuestro cuerpo, hemos dejado de reconocer las señales, silenciamos las molestias físicas y seguimos adelante; estamos exiliados de nuestro cuerpo, viviendo ajenos a lo que nos pasa dentro, resolviendo de manera inmediata las cosas más superficiales. Con este “modus operandi” no es de extrañar que sea muy difícil reconocer nuestras verdaderas necesidades.
Vivir desoyendo o posponiendo lo que en realidad nuestro corazón, alma necesitan es un clásico, que conduce a la enfermedad.

Sin duda moverme por fuera me hace moverme por dentro, para mí  es así, sin embargo no dejo de sorprenderme y sonreír cada vez que lo que manifiesto fuera con mi cuerpo, tiene repercusiones de todo tipo a nivel interno; Y viceversa, lo más interno que no atiendo, se manifiesta fuera… Es como si explosionase (implosionase), como sí con el tiempo, se hubiera desdibujado la delgada línea que separa mi cuerpo físico de la lúcida y asustadiza soñadora que lo habita, y todo fuese más sencillo, todo va de la mano.
Llevo experimentando hace meses una dolencia que no había experimentado nunca, (por más que mis amistades a veces rogasen que ocurriera), a saber, me vengo quedando afónica, sin un hilo de voz  bastante a menudo. A parte de todos los factores climatológicos, contaminación de Barcelona, etc., creo saber de dónde viene esto: y es que últimamente vengo experimentando situaciones en las que no estoy cómoda o siento abusivas, y decir lo que pienso, supone un enfrentamiento que hasta el momento no he sabido muy bien como afrontar o he decidido posponer. Diversas situaciones y con diversas personas, que vengo callando, atragantando palabras entre el corazón y la lengua. Provocando a mi cuerpo una vibración sorda, que mis cuerdas vocales achacan resecándose… y carraspeo mucho, muchísimo. Y ahora divertida me quiero imaginar las palabras avanzando y retrocediendo, arriba y abajo en mi garganta, confusas, nerviosas, descolocadas, asustadas… provocando un ruido seco al chocar unas con otras sin saber si tienen que salir o entrar, convirtiéndose en una tos bobalicona, que me indica que el no estar atendiendo a mi necesidad de expresar algo que siento como injusto, está teniendo repercusión en todo y en todos los pequeños órganos que se encargan de mi funcionamiento orgánico.

Y así me encuentro mes si, mes también… afónica por omisión.

Hoy sentada en la playa escuchando mi propia voz conversando con una amiga, decidí que ya se terminó mi agonía (afonía, perdón). Tomé la firme decisión de decir lo que necesito decir, sin miedo, consciente de que sólo así podré seguir avanzando. Porque las afonías son un síntoma menor; el bloqueo, la frustración y la desorientación me suponen un empeño mayor y un nivel extremo de desgaste. Así pues, decido rebelarme a tiempo y hacerme las cosas más sencillas desde ahí, desde la escucha comprometida con mis necesidades.

Ensoñaciones

No te dejes vencer

Hace tres años yo misma empecé a escribir una entrada con este título. Quedó en blanco y en mis borradores.

Tengo que hacer un esfuerzo para situarme en el tiempo y en el espacio, hace tres años, parece fácil, pero no lo es en este momento para mí.

Creo que estaba recién aterrizada de la India, de un periodo diferente en mi vida, esos momentos que son tan intensos, a la vez, tan duros y tan magníficos: donde sientes que no puedes más contigo ni con lo que ocurre, pero en realidad lo que ocurre está siendo sanador, está siendo perfecto y eres consciente de ello, pero el dolor es más superficial, se siente primero; y si no te silencias, entonces, la queja ahoga la llama, termina con el brotar de algo nuevo y distinto.
Aprender aunque a veces no sabemos qué, pero atesorar esa sensación … ella sola regresa en un momento inesperado y pone orden y da sentido a lo que hemos vivido.
Hace tres años, digo yo, la sensación de ser fuerte, de haber podido sobrellevar los cambios durante el viaje, haber tomado decisiones difíciles pero certeras, estaba empezando a emerger. Sin embargo, recuerdo ese periodo con momentos de miedo, que posiblemente apagaron mis dedos y detuvieron mis ideas.
Aún no estaba lista, pero sentía que no podía, ni debía dejarme vencer. Vencer, ¿por quién? o ¿por qué?. Por el miedo, siempre es el miedo, así que creo que rescaté lo que pude y me retiré hasta que el miedo de que me venciera el propio miedo, de sentirme una loca soñadora fuera de lugar, desapareciera.
Hoy retomo esta entrada en borrador, no sé si esta era la idea original que me impulsó, pero no me dejé vencer. Cada día de mi vida no me dejo vencer.