Descubrir y Disfrutar, talleres

Fluir en tí.

Fluir en ti.portada facebookHace unos meses que vengo pensando en organizar algo diferente. Algo que incluya un trabajo terapéutico manso, gustoso, sereno y grato. Sé que supone un reto empeñarme en organizar algo con esta característica terapéutica cuando, la mayoría de las veces estamos en modo “huída”, y queremos ir a retiros, justo para lo contrario, para estar tranquilos/as y desconectar de todo lo que nos agita.
Sin embargo cada vez es más claro y fuerte mi empeño porque cada vez es más frecuente e intensa la necesidad que escucho. Los mensajes que recibo sobre la necesidad de encontrar un descanso y una herramienta dentro de una misma/o para combatir el día a día.  Es como si condujeramos una barca a la deriva, aprendiendo a agarrarnos con uñas y dientes a los bordes del bote (sin un ápice de disfrute),  según los embistes de un río externo , ajeno a nosotros/as.

Manteniéndonos siempre a flote, a cualquier precio… y sin apreciar ni gozar del viaje, atesorando tensiones de todo tipo, para no hundirnos, para no naufragar… ¿Qué pasa si naufragamos? ¿Qué pasa si decidimos escuchar otras mareas?.

La terapia craneosacral habla de escuchar en la quietud, de escuchar los tejidos corporales con calma, con paciencia…. y es que todos tenemos un fluir propio, tenemos un Río interior, que necesita expresarse, resonar en y con nosotros. Ésta marea propia ha sido olvidada a fuerza de navegar con la corriente de fuera. Un Río más o menos agitado y por tanto, más o menos sosegado; y aquí quiero poner el énfasis, en la parte tranquila, calmada… que todos llevamos dentro.

Me senté a pensar cómo quería organizar el siguiente taller y a quien dirigirlo. Me di cuenta de que por mucho que ame el yoga y sus cualidades; no es esto lo único que hace falta para reconectarnos, o al menos no es esto lo que a todos nos sirve.
Pensé en todo lo que he ido adquiriendo como herramientas a lo largo de todo este periplo, reflexioné sobre mi visión de lo corporal: en cómo entiendo el emprender el camino de regreso a casa concibiendo el cuerpo como un terrario de hormigas con infinitos caminos trazados, todos ellos útiles en algún momento…todos ellos registrados y recogidos en el espacio/cuerpo, definitivamente. Un escenario impermanente y estable a la vez, con posibilidad de respirarlo y también de que nos corte hasta el hipo.

Rastrear quiénes somos desde dentro;  desde momentos de silencio, de movimientos inesperados; desde responsabilidad bien entendida (aquella de pone su foco únicamente en uno mismo).

Pensé en el contacto con otros cuerpos, en el placer sublime de ponerte literalmente en la piel de otro.
Pensé en el Yoga Nidra y su enorme capacidad de conectar con nuestro subconsciente y dejar caer barreras, tensiones, estrés  en definitiva.

Recuperé algunas de las sensaciones y conversaciones con mis alumnas de butoh, lo mágico de moverte sin música, lo terapéutico de sentirte desde el tuétano y no hacer nada sino esperar…esperar a que las sensaciones se propaguen por el cuerpo como un incendio y te obliguen a moverte, o te paralicen…a qué las imágenes provoquen emociones que dejen un registro sensorial que seguir con la respiración y las articulaciones… Un baile interior al compás de un sonido que sólo uno/a misma escucha.

Y me lo imaginé y me pareció posible.

Así que el próximo viernes 7 de junio, comenzamos una propuesta mágica, un sendero hacia adentro con mucha imaginación y con mucho movimiento. Con poca exigencia y mucho descanso.

Seremos poquita gente para poder prestarnos atención sin esfuerzo. 

Estaremos cerquita de Barcelona, en Masía Can Camps

 

Poco a poco; o más de golpe si te interesa o tienes curiosidad, iré dando los detalles del programa y precios… de momento.
Escucha como resuena en tí esta primera gota de información…deja que se forme la onda expansiva en tu propio Río.

 

 

 

 

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descanse en paz

Tengo el gran privilegio de trabajar con cuerpos, escuchándolos como algo más que una estructura osteoarticular y muscular; favoreciendo los micromovimientos y la apertura de espacios escondidos; siendo testigo del emerger de zonas oscuras que dan contenido a las vivencias de cada uno, que dotan de sentido a los propios deseos.
Presenciar esa coreografía donde el silencio se deja escuchar, donde se perciben los desplazamientos sutiles de los tejidos y los órganos mismos, acomodándose. Recordando cada uno ese lugar de origen, volviendo al sitio y al momento antes del la “sordera”, esa manía casi folclórica de vivir a contrarreloj, posponiendo más y más el descanso,  y con ello… alejándonos más y más de la posibilidad de estar en calma, de la oportunidad de habitar nuestro reposo y gozar de él.
Me entristece pensar que la desconexión con el cuerpo tiene mucho que ver con la idea de exigirnos y valorarnos social e individualmente, en función de cuánto hacemos. Costumbre malsana que nos pone en valor 10, en alguna extrañamente sobrevalorada “clasificación” ajena y nos entierra, bajo cero en nuestra propia lista de satisfacción personal.
Reaccionamos con frecuencia cuándo ocurre algo que nos asusta, que nos frena por lo impactante del suceso o por la indefensión momentánea que nos crea. Cuando conseguimos salir del miedo, es ahí entonces, cuando en algún punto lejano de luz dentro de nuestra racional existencia, el parpadeo de lo verdaderamente importante nos hace conectar de nuevo, y sólo por un instante con la verdad más absoluta y conocida… y nos hace sentir absurdos…. ojalá tanto como para no perder de vista ese parpadeo de nuevo.
Me entristece nuevamente, la facilidad con la que olvidamos el salud, la satisfacción, las sensaciones cuando todo va bien, la facilidad para sonreír y estar en modo silencio y calma, la alegría de permaneces en la no competencia, sino en el vivir conjunto y compartido… Esos ratos cenando sin prisa, sentados solos en un banco o café, un abrazo largo dónde no importa nada, una puesta de sol desde tu ventana, el olor del jabón de sándalo en la piel, un beso húmedo de la persona que te vive más de cerca, una llamada o mensaje de las personas que te viven desde lejos… 

beso chimpancés

Después de haber gozado del privilegio de estar sentada en el paraíso mirando al horizonte y de descubrir que es mucho más productivo para mí el no hacer tanto (e incluso no hacer nada), el permitirme escuchar dentro y fuera, el detenerme a reconocer que el ritmo natural del exterior está mucho más en armonía con mi ritmo interior, que no es necesario encadenar acciones frenéticas hasta apagar el día; más productivo y efectivo respetar mis tiempos y necesidades porque me siento más fuerte, descansada y capaz de crear, no me enfermo y me organizo mejor… no me aturullo y decido cómo quiero que se desarrollen mis días, no me frustro tanto si no llego dónde se esparaba… puedo diseñar mi vida lo más cerca posible de mis necesidades y soy consciente de cuándo voy perdiendo fuerza y aparece la tristeza en forma de nudo en mi garganta… dando como resultado espacios de silencio y escucha previos al bloqueo definitivo que hace que sólo pueda vomitar ignorante e irresponsable mi temor sobre otra persona.

Silencio, descanso y aceptación: receta necesaria para no dañar dentro ni fuera.

Y esta entrada viene rendir un homenaje a todas aquellas personas que llegan a mí, antes del reventón… a aquellas personas que han encontrado por un momento el canal de vuelta al origen, y han decidido regalarse tiempo y silencio; y han decretado prioritario el  mimo y la ternura, el espacio de ensamblaje entre ellos y ellos mismos. Para que me sirvan de inspiración y no sea posible olvidar cual es el único lugar desde el que quiero trabajar con esos cuerpos poblados de personas.

Gracias

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Subir las escaleras con otra persona.

El domingo amaneció bastante plomizo y hay días que son así y no hay nada que hacer. La noche se tuerce y el reloj trata de hacer su trabajo deslizando las horas… pero mi corazón exhausto se duerme con la última sensación, y es que sabe que si más allá de las 24.00 te acuestas con una sensación que lo comprime, el día que amanece no es otro… es el mismo que la aguja segundera trato de disfrazar de día siguiente, al instante de sobrepasar la media noche. 

Buen intento y buen recurso, pero a mi no me viene sirviendo al 100%, aunque sí es cierto que la fuerza para transformar el día la encuentro mucho antes cada vez.

¿Cómo he conseguido instalarme otra vez en esta borrachera de pesadumbre?

Me sobresaltó la respuesta mientras desayunaba, antes siquiera de ser consciente de que dentro de mí la respuesta ya se había formulado, posiblemente mientras conducía suspendida de un hilo, absorta en lo que sucedía al otro lado del parabrisas y tratando de apartar a un lado las viscosidades que moldean mi sesera.
Sentada en un sitio maravilloso, quieta, entregada sólo a estar en mi, queriendo recuperar el espacio que el sueño y el descanso me dejan dentro del coco. Este es un lugar dichoso desde el que puedo ordenar con más o menos tino los rompecabezas que me habitan, como en aquel juego de la niñez dónde a la caja le faltaba una pieza, y gracias a ese hueco vacío, podíamos desplazar las fichas de arriba a abajo, de izquierda a derecha, para formar el puzzle.

Suspiraba hondo, repitiéndome que nada de lo que me pasaba tenía sentido prolongado en el tiempo, al contrario, era mi elección perpetrar el estropicio y darle alimento… suena así muy fácil, y sin embargo a veces no puedo evitar regodearme en la pena (hábito tan sólido como absurdo) y  permanecer ahí más tiempo del sano, y esto para mí en este momento viene siendo más de dos segundos.
Gracias al silencio, me topé con ese espacio de sensatez y cariño conmigo misma donde me autorizo a todo, desde dónde puedo ser mas objetiva y menos rigurosa. Y más receptiva a lo que viene de fuera.
Gracias también a Safar (amigo pakistaní de mi calle), que ante mi cara desencajada, se acercó a saludarme y no pudo evitar decirme que parecía cansada.
Asentí, claro (no sé cuanto hace que no duermo más de 6 hs seguidas sin interrupciones, no sé cuantas cuestas he subido en bicicleta en los últimos 10 días, no sé cuantas horas he estado fuera de casa, no sé cuantas horas he pasado en clase de lunes a domingo, no sé cuantas asanas he hecho en último mes y medio, no sé cuánto he cocinado al llegar a casa de noche, no sé cuantos esfuerzos he hecho por recordar mi propósito entre tanto quehacer y desgaste,…), claro, que asentí.
Safar,este hombre flacucho de ojillos bulliciosos, no esperó oir mi voz y  soltó un inocente comentario: Necesitas dormir, Ana.
Y continuó como hace siempre, con una disertación sobre las cosas, esta vez sobre la necesidad del ser humano de descansar, esencial para el funcionamiento orgánico, mecánico y psicológico…. Más de 40 minutos estuvo hablando él;  (y yo ante la imposibilidad de meter baza) más de 40 minutos estuve abriendo mucho los ojos… De pronto se centró en la tristeza y su relación con el cansancio; y después en la dificultad para recordar las cosas bonitas y positivas de la vida de uno cuando uno está agotado. Y ahí me miró…
 Y entonces me vió retratada en sus palabras (se debió sentir medio entrometido) y paró…. y cambió de tema para no molestarme, sin más con un salto en el espacio/tiempo…y su nueva tesis fue aún más atinada:  la dificultad de subir las escaleras con otra persona.
Pero este tema solo requirió unos minutos y me dejó dada la vuelta como calcetín. Algo así dijo:

” es muy difícil en la vida saber como organizarte, estar atento a lo que sientes y gestionar tus cosas tu solo.
Mira subir una escalera requiere esfuerzo, si o si…. y hacerlo acompañado no digamos, requiere paciencia, fuerza y sobre todo saber reaccionar por si el otro tropezara, para que no te arrastre, para no caer, para no haceros daño. 

Así que si decides que quieres subir una escalera con alguien, tienes que tener en cuenta que las dificultades que tú encuentras se van a multiplicar, al menos por dos… (Sino por dos mil, añadió sonriendo)”. 
Me dio un abrazo y se despidió sin darse la vuelta para ver mi cara de pasmarote, que le hubiera dado para otra hora y media de soliloquio.

Y ahí me quedé yo, aurícula hambrienta, desconcertada.

O no tanto porque al momento se me aflojó la tormenta. ¿Cómo puede ser que siempre caiga en idéntico cepo? Desafío mi capacidad de estar en mí, la castigo poniéndome a prueba con el descanso (el descanso es a Ana, lo que su talón a Aquiles), soy capaz de obviar las señales creyendo que cada vez será diferente, que puedo controlarlo y gestionarlo… y me acabo viendo incomprensiblemente triste e incapaz de dar pie con bola o de sacar adelante lo que tenía pensado… 
Minúscula para todo.

Por suerte me crucé con Safar a primera hora del día  y nuestro encuentro reforzó la respuesta del desayuno. 

escalera imposible

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Ilustración en movimiento. Nueva Fecha

Flow-8Julio

Le dimos mil vueltas en la cabeza, y mil vueltas sobre el papel… y mil vueltas más en conversaciones entre nosotras, conversaciones cada una con nosotras mismas, cada una con cada persona inocente que se le ocurría preguntar en qué estábamos… vamos, un infinito divagar sobre la mejor manera de explicar de forma simple y clara lo que nos había juntado en esta aventura.

Ella, aplicada alumna de yoga y amiga, comentaba que en las clases visualizaba cosas, incluso miraba a otros alumnos y definía los trazos de sus cuerpos, se inspiraba en otros mientras ella misma transitaba de una a otra “asana” (esto es lo que se denomina atención plena en la propia práctica de yoga, jeje).
Para mí, estar cerca de ella casi a diario empezó a suponer retomar una curiosidad acallada desde hacía años, el dibujo… Cogí un lápiz y comencé a dibujar, y encontré tantas similitudes entre lo que me empezó a ocurrir mientras tenía que salirme de los moldes rígidos de mi mente y mi imaginación acostumbrada a la necesidad de hacer algo perfecto que los demás valorasen. Tantas similitudes con lo que desde que empecé a vivirme desde el movimiento, a practicar yoga, a entender cómo se producía cada mínimo desplazamiento dentro de mí, a identificar las barreras que rompí con mi cuerpo, y ahora, con una mina de grafito, las estaba rompiendo de nuevo, pero dentro de mi mente, me liberaba y me hacía feliz a partes iguales. El proceso de aprendizaje es el mismo.
Romper esos moldes, y empezar a plasmar en un papel lo que mis ojos veían en realidad, y confiar, y perder el miedo al ridículo, y dibujar con mi alma, y tomarme mi tiempo, y dedicarme ese espacio con lápiz y papel a mí misma, y sorprenderme…. y haber parado el tiempo un instante…. y haber creado algo que me saca una sonrisa y algo dónde yo reconozco mi esencia creativa, mi plasticidad. Y sentirme feliz.

Juntarnos Noemí y yo ha sido una decisión basada en la necesidad de ambas de compartir nuestras herramientas y nuestra experiencia, las ganas de compartir algo divertido y terapéutico, las ganas de abrir fronteras, de liberar miedos, de traspasar límites físicos y mentales, la ilusión por crear con la estela de un movimiento el recorrido gris plasmado con grafito.
Las ganas de viajar en tandem, por que no aceptarlo.

Yo le decía que hay partes del cuerpo que retienen las memorias más ancianas, las de nuestra infancia contradictoriamente ( que es cuando yo recuerdo que pintaba y no sé cuando dejé de hacerlo); así como hay también musculatura que se contrae y distiende en función de estados de ánimo, pudiendo generar síntomas en un cuerpo, o aliviarlos por el contrario.  Que las articulaciones, si las respiras, las sientes, las habitas, las transitas, las reconoces, las mueves conscientemente, te conectan con algo arrinconado, pero por suerte no olvidado….
Y ella me decía: y si pudieramos aunar eso?, la posibilidad de movilizar el cuerpo, de hacernos con él, de habitarlo de nuevo, de mirarnos desde otra perspectiva, sin juicios, con ternura… y además poder jugar y descorchar la imaginación para dibujarlo?. Demostrar que todos tenemos un artista dentro, que nuestra inspiración está en cualquier lado y sólo debemos tener el valor y perder el miedo a conectar con ella.

Como yo no soy una avezada dibujanta pero sí tenía muchas ganas de recuperar mi memoria de los días en los que me tiraba al suelo con un papel y mil lápices,  insistí en que me convenciera de que mi trabajo corporal y su trabajo plástico creativo podían dar un resultado hermoso.

Y ahora, hoy, ya es un hecho.
Este taller, creado con risas, con cariño, con insomnios, con cafés, con clases de yoga, con mil bocetos, con reuniones y con cenas…es un hecho.

Lo presentamos con cariño, a todos aquellos y a aquellas que tienen ganas de jugar, de jugar a ser libres y despreocupados, a coger un lápiz y reencontrar su artista osado, descarado e indiscreto. A conmoverse con su cuerpo, a descubrir que cada cuerpo es un templo hermoso que mirar desde dentro, contemplar sin juicio, habitar sin deudas, invadir sin dudas.
No hace falta ser un gran artista ni tener nociones de yoga o ilustración… únicamente hace falta de tener ganas de  dibujarse el alma tal y como cada uno lo perciba. De atreverse a sentir.

Además como nuestro boceto de taller era algo muy especial,  sólo lo quisimos enmarcar en Can Camps. Un maravilloso lugar cerca de Barcelona dónde soñar con los tonos verdes de la vida, a cuatro pasos de los tonos de hormigón, es una fortuna. Un proyecto de amigos que anhelan hacer pequeños cambios en su vida para producir grandes cambios alrededor.

Como no había manera de no arrojarse a este proyecto, nos cogimos de la mano y saltamos  confiadas.

Es un regalo para nosotras compartir estas 7 horas y ese espacio, ese tiempo dedicado a cada uno y compartido en un grupo, esos trazos que salen de dentro cual cuadriga desbocada, sin freno (sin juicio).

Gracias a todos/as los que nos habéis animado y a todos los que ya estáis planteando la posibilidad de venir a descubrirlo.

Reservo mi plaza

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Inspirar

Y se vienen pasando los dolores del cuerpo, del corazón y de la cabeza a base de espiración, secuela inmediata de la inspiración.  Y es cuándo siento que inspirando, el aire no fluye, no recorre sin barreras mi interior, no llega a rodear mis órganos, a meterse dentro de mis tejidos, no me permite distinguir el espacio entre mis huesos y la tierna y a la vez dura intersección de éstos, ni mi musculatura estirándose para dejar paso al soplo…cuando la inspiración se detiene en un punto superficial y no va más allá, y me conduce a un suspiro, más que una exhalación purificadora; es ahí cuándo decido que mis días no pueden pasar entre inspiraciones a medias y suspiros insatisfechos, es ahí cuando me siento en silencio, con la intención de permitir a mi cuerpo que respire como quiera, que me diga lo que ocurre, que se libere sin presiones, que me de pistas, que me ayude a moverme a otro lugar, o no… que simplemente sepa que tiene el espacio, el tiempo y la paciencia de su lado, que ya no tengo prisa, que ya no tengo ansias por avanzar rápidamente a costa de él, ni tampoco intención de hacerlo a “lo loco” desoyendo el repique constante…
Y de pronto, al cabo de un rato largo sentada en silencio, escucho mi respiración (hasta ese momento orquestada con poco tino) ocupada en desenmarañar los nudos, cuidadosa en su recorrido, acariciando suavemente  cada aspereza, llevando el flujo a cada rincón ignorado durante los días anteriores, permitiendo el funcionamiento correcto, conocido, saludable, vigoroso que realmente INSPIRA.
E inmediatamente después, un compás más armonioso vuelve a formar parte de mi deambular, vuelve a conectarme conmigo y a conmoverme por dentro y por fuera. Y me doy cuenta del camino que aún queda por recorrer y me siento tremendamente afortunada por haberme descalzado para iniciarlo.

Camino atenta, no obstinada, observando cuando mi inspiración se esfuma, se modifica o da paso a un suspiro en lugar de provocar un exhalar liberador; entonces me detengo (aún no tan pronto como me gustaría), y  me siento o me mezo lentamente iniciando una práctica suave de yoga… Y consigo permanecer en ese preciso instante en el que todo está ocurriendo y reconozco la preocupación…Inspiro…ora la suspiro ora la consigo exhalar hasta el final, y entonces la reconozco también, pero ahora es la insignificante preocupación, algo baladí que ha aprendido a adherirse a los rincones donde mis emociones la pierden de vista y puede hacerse fuerte hasta invadirlas y confundirlas. Pero descubrí el escondite y en ese instante yo, ya puedo expirar (las).

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Ilustración Noemí Villamuza
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La creatividad

 

Llevo un par de días tratando de sentarme delante de un papel en blanco y escribir… Estos días, mi cabeza está con millones de cosas que debo resolver por orden antes de poderme sentar en calma y dejar que fluya. Lo sé, pero cuando se forma dentro de mí este batiburrillo de humo denso, todo empieza a desdibujarse, se ralentizan hasta mis movimientos y mi cuerpo sólo quiere dormir, nada de resolver… ¿por dónde empezar?. Sin embargo, no quiero quedarme ahí, al menos no demasiado tiempo porque estoy sintiendo una inspiración que me eleva, unas ganas de mover proyectos y de iniciar cambios que no serán boicoteadas, al menos no desde dentro de mí. En estos pensamientos estaba, cuando rescaté algo que hacía años escuché y en su momento me sirvió, me inspiró y me tranquilizó. Sin dudarlo lo busqué y lo volví a ver. Para mí, FANTÁSTICA.
Aquí os dejo este enlace de esta conferencia TED, que  significó mucho en su momento, y ahora me trajo de nuevo a los tempos que necesita mi creatividad, a los tiempos en los que la paciencia, el reducir exigencia y el confiar son la clave para hacer las cosas de manera fluida y satisfactoria para mí.
Desde aquí, necesito continuar. Organizar y descorrer los velos que tapan ahora mismo mi caminar hacia adelante. Es como si de vez en cuando, yo misma necesitase envolverme en uno de esos velos, de esas cortinas, como si de un juego de pequeña se tratara, esconderme enredada en la cortina, inmóvil e invisible. Esperando que no me encuentren, pero consciente de que el bulto que formo y la puntera de mis zapatos son absolutamente perceptibles, y que me están “siguiendo el juego”: todos saben que estoy ahí, pero respetarán  mi huida hasta que un adulto se apiade de mi paciencia en la espera, o yo misma decida que ya es suficiente, aburrida de esperar que me descubran.

Ahora no hay adultos alrededor a los que proponer este juego indirecto, así que… yo  decido que es suficiente y me desenrosco hacia el otro lado, dando la cara y continuando con otros juegos en los que el movimiento sea el origen.

Espero que la disfrutéis tanto como yo lo hice.

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La tortue rouge (La tortuga roja)

La tortue rouge (2016) és una bellíssima pel·lícula d’animació que explica un conte, sense paraules, sobre un nàufrag que arriba a una illa poblada de tortugues, crancs i aus. La història és un cant a la natura: el protagonista forma part i integra la pròpia naturalesa. És també una mena de viatge interior que em […]

a través de La tortue rouge (La tortuga roja) — blog de les llobes