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Cuándo poner límites duele. Notas para un taller

Hablemos en primera persona, hablemos de mí. Cuando Ángela me propuso trabajar juntas este tema de los límites, poner en conjunto su experiencia y la  mía, sus herramientas y las mías, me pareció algo precioso y a la vez me hizo situarme ante mí misma y mis límites. Me pidió que tratara de reflejar en un texto lo que son para mí y cómo querría explicar a la gente el trabajo que vamos a hacer. Por qué es necesario tener clara nuestra postura o nuestra manera de preservar nuestros límites, que al final hacen referencia a una parte de salud de la que sólo nosotros somos responsables.
lÍMITES y ahí automáticamente aparecía, para mí una connotación negativa. Exclusivamente por el uso de la palabra, algo rígido, que excluía… cómo si no fuese una buena persona al “poner” límites.

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Me paro a pensarlo despacio y a mirar por el retrovisor mi vida y entonces, ocurre, sin embargo, que me doy cuenta de que hace tiempo me reconcilié con ella, con la palabra…

Pasa el tiempo, delimito mis fronteras en función de la observación y de la experiencia; y me parece una palabra inmensa, con mil y un matices rescatables y aplicables a mi vida, incluso en su acepción más negativa. La dificultad para mí venía estando en “imponer” en lugar de “poner” los límites; de manera que la parte negativa estaba en la imposición, no en el límite en sí. Me explico:

A menudo me ocurría que  comenzaba a sentirme irritada y mucho más cansada de lo normal, evitando a determinadas personas o situaciones, sin ser consciente de que la mayoría de las veces esa irritación, ese necesitar alejarme,  tenía que ver con que me sentía desgastada, desgastada, como exprimida, no siendo tenida en cuenta; por no saber poner los límites, y preservar mi espacio y mis necesidades. Llegaba a un extremo tal, que lo que hacía era imponerlos, desesperadamente.

Pasa el tiempo, delimito mis fronteras en función de la observación y de la experiencia, aprendiendo que sólo cuando yo no conozco mis necesidades, entonces, no detecto el abuso, no me percato del desgaste; llego a sentir que toco fondo y entonces el límite aparece de manera brusca, con violencia y sorpresa…perdiendo efectividad y sentido. Trayendo consigo una sensación de culpabilidad ambigua dónde reconozco mi parte de carga: la necesidad de protección de mis energías y necesidades y la manera absurda de saltarme las señales para llegar a la imposición al límite, del propio límite.

Me quedé dándole vueltas a esto unos días… recopilando las herramientas, las señales previas que aprendí a reconocer en mi cuerpo, y desmigajando el trabajo de consciencia corporal aplicado a este tema que quiero desarrollar en este taller. 

Y comencé a preguntarme cosas que creía sería importante responder a priori; poner encima de la mesa sobre los límites más a nivel general, más social…

¿Dónde están mis límites? ¿Son límites que he puesto de manera consciente? ¿Hay parcelas de mi vida en las que siento que mis necesidades no son respetadas ni tenidas en cuenta? ¿Existen unos límites comunes a todos los seres humanos?
Respecto a los límites tengo posturas y sensaciones ambiguas; por un lado hacen referencia a prohibiciones y por otro lado son un referente para mi salud y nivel de satisfacción en la vida.
Los límites nos estructuran como personas, y nos definen igualmente, de manera muy personal con respecto a nuestras necesidades y a nuestras posibilidades de entrega y compromiso.
Reconozco unos límites que son impuestos por el medio, y que por lo general no suelen potenciar el desarrollo de mis potencialidades individuales ni el conocimiento de mis límites saludables,  sino más bien son condicionantes de mi desarrollo según los intereses, conscientes o no, del medio familiar, social y moral en el que me ha “tocado” nacer. Me acostumbré a responder a estos límites externos, de manera que quedo alejada del conocimiento de mis propios límites, los que son necesarios y reales para mi. Queda distorsionado el contacto íntimo y la escucha propia.
Sin este mirar hacia adentro para el propio conocimiento de aquello más íntimo que define quién soy y de qué manera necesito relacionarme con el entorno y con las personas; se desconocen las potencialidades reales y la manera de desarrollarlas. (Si no sé que necesito no sé cómo actuar para satisfacerme)
De esta manera, en mi día a día y en mi práctica cotidiana de tareas, la función de los límites está tergiversada ;en lugar de potenciar mi desarrollo, los límites parecen obstaculizarlo porque no están definidos desde el autoconocimiento ni la necesidad propia. Como sujeto me voy adaptando para lograr el mayor equilibrio posible con el medio, cediendo de manera inconsciente parcelas y espacios que a estas alturas no reconozco como vitales para mi desarrollo.
Mi organismo conoce este hecho y sufre esta adaptación ajena a mí. (El organismo reconoce (y reacciona ante ello) y la persona en su actuar no lo tiene presente). Aparecen entonces malestares, frustraciones, insatisfacción, tristeza sin motivo…
Mi manera de ser, mi carácter se ha desarrollado como un intento de adaptación al medio, no como un proceso de defensa de mis propios “instintos”internos. Desoyendo mis necesidades y emitiendo juicios sobre quien soy, sobre mi misma.
Este proceso de adaptación resulta doloroso, el mundo interno y el externo se perciben como una fuente de insatisfacción. La desconexión de mis impulsos y su bloqueo, queda fuera de la consciencia, NO los percibo; sólo me queda la percepción del medio externo, como un medio hostil.
Un medio hostil en el que aparece frustración e insatisfacción y sobre el que siento que no tengo posibilidad de actuar para modificarlo.
¿Te ocurre algo similar a tí? Piénsalo.
Esto puede traducirse en excesivo control por las cosas pequeñas, carácter irritable, necesidad de reducir los espacios de contacto con los demás, peleas frecuentes con las personas más cercanas, posturas radicales respecto a acontecimientos y dificultad para encontrar soluciones satisfactorias, falta de identidad, dependencia emocional, desconcentración, inseguridad general,etc…
Entonces:
¿POR QUÉ NO PONEMOS LÍMITES?
¿QUÉ REPRESENTA PONER LÍMITES?
¿COMO HACERLO?

Este taller, la parte que a mí respecta… va orientada a lo que para mí ha resultado primordial… reconocer siempre que pueda mis necesidades, y atender a las señales más o menos sutiles que tengo la suerte de recibir en mi cuerpo. Por eso mi trabajo se basa en el cuerpo, en habitarlo y en recorrerlo de dentro a afuera deteniéndonos en las manifestaciones que normalmente dejamos pasar desapercibidas.

 

Toda la información en el mail de mi compañera: info@elespaciodeangela.es

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