Descubrir y Disfrutar

Subir las escaleras con otra persona.

El domingo amaneció bastante plomizo y hay días que son así y no hay nada que hacer. La noche se tuerce y el reloj trata de hacer su trabajo deslizando las horas… pero mi corazón exhausto se duerme con la última sensación, y es que sabe que si más allá de las 24.00 te acuestas con una sensación que lo comprime, el día que amanece no es otro… es el mismo que la aguja segundera trato de disfrazar de día siguiente, al instante de sobrepasar la media noche. 

Buen intento y buen recurso, pero a mi no me viene sirviendo al 100%, aunque sí es cierto que la fuerza para transformar el día la encuentro mucho antes cada vez.

¿Cómo he conseguido instalarme otra vez en esta borrachera de pesadumbre?

Me sobresaltó la respuesta mientras desayunaba, antes siquiera de ser consciente de que dentro de mí la respuesta ya se había formulado, posiblemente mientras conducía suspendida de un hilo, absorta en lo que sucedía al otro lado del parabrisas y tratando de apartar a un lado las viscosidades que moldean mi sesera.
Sentada en un sitio maravilloso, quieta, entregada sólo a estar en mi, queriendo recuperar el espacio que el sueño y el descanso me dejan dentro del coco. Este es un lugar dichoso desde el que puedo ordenar con más o menos tino los rompecabezas que me habitan, como en aquel juego de la niñez dónde a la caja le faltaba una pieza, y gracias a ese hueco vacío, podíamos desplazar las fichas de arriba a abajo, de izquierda a derecha, para formar el puzzle.

Suspiraba hondo, repitiéndome que nada de lo que me pasaba tenía sentido prolongado en el tiempo, al contrario, era mi elección perpetrar el estropicio y darle alimento… suena así muy fácil, y sin embargo a veces no puedo evitar regodearme en la pena (hábito tan sólido como absurdo) y  permanecer ahí más tiempo del sano, y esto para mí en este momento viene siendo más de dos segundos.
Gracias al silencio, me topé con ese espacio de sensatez y cariño conmigo misma donde me autorizo a todo, desde dónde puedo ser mas objetiva y menos rigurosa. Y más receptiva a lo que viene de fuera.
Gracias también a Safar (amigo pakistaní de mi calle), que ante mi cara desencajada, se acercó a saludarme y no pudo evitar decirme que parecía cansada.
Asentí, claro (no sé cuanto hace que no duermo más de 6 hs seguidas sin interrupciones, no sé cuantas cuestas he subido en bicicleta en los últimos 10 días, no sé cuantas horas he estado fuera de casa, no sé cuantas horas he pasado en clase de lunes a domingo, no sé cuantas asanas he hecho en último mes y medio, no sé cuánto he cocinado al llegar a casa de noche, no sé cuantos esfuerzos he hecho por recordar mi propósito entre tanto quehacer y desgaste,…), claro, que asentí.
Safar,este hombre flacucho de ojillos bulliciosos, no esperó oir mi voz y  soltó un inocente comentario: Necesitas dormir, Ana.
Y continuó como hace siempre, con una disertación sobre las cosas, esta vez sobre la necesidad del ser humano de descansar, esencial para el funcionamiento orgánico, mecánico y psicológico…. Más de 40 minutos estuvo hablando él;  (y yo ante la imposibilidad de meter baza) más de 40 minutos estuve abriendo mucho los ojos… De pronto se centró en la tristeza y su relación con el cansancio; y después en la dificultad para recordar las cosas bonitas y positivas de la vida de uno cuando uno está agotado. Y ahí me miró…
 Y entonces me vió retratada en sus palabras (se debió sentir medio entrometido) y paró…. y cambió de tema para no molestarme, sin más con un salto en el espacio/tiempo…y su nueva tesis fue aún más atinada:  la dificultad de subir las escaleras con otra persona.
Pero este tema solo requirió unos minutos y me dejó dada la vuelta como calcetín. Algo así dijo:

” es muy difícil en la vida saber como organizarte, estar atento a lo que sientes y gestionar tus cosas tu solo.
Mira subir una escalera requiere esfuerzo, si o si…. y hacerlo acompañado no digamos, requiere paciencia, fuerza y sobre todo saber reaccionar por si el otro tropezara, para que no te arrastre, para no caer, para no haceros daño. 

Así que si decides que quieres subir una escalera con alguien, tienes que tener en cuenta que las dificultades que tú encuentras se van a multiplicar, al menos por dos… (Sino por dos mil, añadió sonriendo)”. 
Me dio un abrazo y se despidió sin darse la vuelta para ver mi cara de pasmarote, que le hubiera dado para otra hora y media de soliloquio.

Y ahí me quedé yo, aurícula hambrienta, desconcertada.

O no tanto porque al momento se me aflojó la tormenta. ¿Cómo puede ser que siempre caiga en idéntico cepo? Desafío mi capacidad de estar en mí, la castigo poniéndome a prueba con el descanso (el descanso es a Ana, lo que su talón a Aquiles), soy capaz de obviar las señales creyendo que cada vez será diferente, que puedo controlarlo y gestionarlo… y me acabo viendo incomprensiblemente triste e incapaz de dar pie con bola o de sacar adelante lo que tenía pensado… 
Minúscula para todo.

Por suerte me crucé con Safar a primera hora del día  y nuestro encuentro reforzó la respuesta del desayuno. 

escalera imposible

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2 comentarios en “Subir las escaleras con otra persona.”

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