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Agradecer

Hoy no utilicé mi bici, hoy decidí salir con tiempo de casa, y atravesar caminando despacio, el barrio del Born y parte del Gótico hasta llegar al metro. Hoy desde que desperté, incluso antes (durante alguno de los sueños que no recuerdo), la energía que me acompañó fue densa, poco constructiva y de tristeza. Pensé que caminar me ayudaría a despejar mi mente y mi corazón.
Y salí con tiempo… y caminé despacio, consciente de que no había motivo para dejarme arrastrar por el ritmo de afuera, que mi necesidad era otra: mecerme con mis propios pasos, sentir que mi respiración habita dentro de quien soy,  y observar la ciudad sin prisas, admirando la piedra de los edificios y los pocos árboles que en este recorrido puedo encontrar. Y aquí consigo sentirme plenamente consciente de lo afortunada que soy, plenamente.
Y llegando al metro, las cosas cambian, el tren no llega nunca, la gente se impacienta (yo también porque pienso que no hay derecho, que siempre es lo mismo blablabla, bliblibli…), y me quejo en voz baja… y me descubro alimentando el estado que estuve tratando de esquivar durante todo el día. Y resignada salgo a la superficie y camino en busca de un autobús, porque las opciones y el tiempo se redujeron drásticamente, y mi clase empieza en 30 minutos y es casi imposible que llegue a tiempo… y la queja me persigue a una velocidad más rápida que la que he tenido que imprimirle a mis piernas para salvar la distancia hasta el autobús, que llega repleto de gente y no se detiene para que subamos. Resignada (aún no acepté que llegaría tarde, si o si), continúo esperando y cuando por fin llega un autobus al que sí puedo subirme, ya es claro que no llegaré a tiempo. Sentada, ahora sí, acepto que llegaré tarde pues solo quedan 15 minutos para que empiece y yo aún tardaré 30.
Entonces mirando por la ventana empiezo a respirar, más y más despacio, llenando mi cuerpo como enseño a mis alumnos en clase, dejándome sentir cada rincón que mi respiración acaricia, haciendo presente lo que está ocurriendo y deslizándome dentro de mí misma, aflojando la tensión, transmutando la tristeza, reduciendo la queja y dejando que quién sea que me habita tome el control, actúe desde otro paradigma y me permita sentirme y vivirme lejos de lo que está ocurriendo fuera, mostrándome que no es tan importante, que la diferencia la marca la manera de percibir el mundo y los sucesos , que estoy teniendo ene este mismo momento. Consigo avanzar yo más rápido que el bus, y desde donde estoy comienzo a hablar a mis alumnos, a iniciar la clase, a respirar con ellos… hasta que alguien me toca el hombro y me dice que ha habido un accidente en el metro, que alguien saltó.
Y ahora soy de piedra.
Ahora ya no sé que hacer porque mi respiración se ha agitado, mi cabeza da vueltas y mi corazón se está replegando hacia adentro… sólo continúo mirando por la ventana, y veo a alguien conocido arrastrando su bicicleta, con un paquete sujeto en la mano pegado al pecho, caminando despacio (hacia mi segunda clase, lo sé)… y estoy lejos aún (pero ahora de cualquier lugar dentro o fuera de mí).
Y por fin llego a clase,  12 personas esperando sentados, pacientes, sonrientes… les doy una somera explicación y me dispongo a cantar para abrir la clase. Respiro hondo, comienza el Om, y me abre en canal… trato de pronunciar despacio cada palabra del mantra pero cada vibración hace que se me resquebraje la coraza… “lo siento chicos, ha pasado “esto” en el metro y me quedé más tocada de lo que pensé, no puedo cantaros hoy”.
Y comienza una clase en la que una vela encendida (me recuerda lo afortunada que soy, ahora lo voy sintiendo plenamente por segunda vez en el día) para iluminar a aquel señor del metro, para acompañar lo inacompañable… Y la clase me reconforta, parece que cada alumno está poniendo lo mejor de sí mismo en cada soplo que utiliza para seguir mis indicaciones, hoy suaves, más lentas que de costumbre… Y visualizo un corazón que necesita expandirse con cada respiración, que necesita hacerse grande y pequeño con cada respiración, en función de las necesidades de cada momento, y lo comparto en voz alta y  ese corazón  se multiplica por 12.
Y termina la clase. La vela al medio, todos tendidos en savassana y a mi me sale la voz… y cierro con el mantra, con mucha fuerza, con mucha alegría con mucha gratitud.
Por tercera vez me siento consciente plenamente de mi suerte.
Alguien me da las gracias por la clase, otra ocasión para sentirme agradecida y no pasarlo por alto.
El autobús de vuelta a casa, parece querer compensar un viaje tortuoso de ida, y llega rápido, y no hay tráfico y llego al barrio antes de lo esperado. Y me bajo caminado muy despacio, antes de llegar a casa… repasando el día; y nuevamente me detengo, respiro, miro alrededor y sonrío ( quinta oportunidad en un día escabroso, para saber plenamente que soy una mujer afortunada ): en casa, mi compañero que ha estado todo el día a mi lado sabiéndome frágil  hoy, él que no tiene idea de lo que ha pasado esta tarde… me recibirá con una sonrisa. Porque sí, porque se alegra de verme, no hará esfuerzo para mostrar su amor. Y nada más verme entrar por la puerta sabrá que algo ha ocurrido, y (ya lo anticipo) me abrazará…. Y ahí me quiero quedar, en unos brazos amigos, amantes, compañeros, elegidos y reelegidos una y otra vez.

Es sencillo dejarse vencer por los días, pero sin duda es más sencillo dejarse mecer por los gestos mínimos y cotidianos que apaciguan esos mismos días.  Es bien sencillo vivir, si nos quitamos de la cabeza la lucha que implica “sobre”vivir… simplemente vivir y ser y estar en cada momento preciso, aceptando lo que pasa o no está pasando…

Yo hoy entre todas las cosas que pasé por alto, agradezco mi cuerpo y sus funciones sanadoras, agradezco mi trabajo , agradezco incluso la posibilidad de no ver lo obvio y perderme en la queja, para poder regresar con más fortuna y decisión a agradecer a mis alumnos su implicación y entrega en la práctica… Agradezco el compañero que me sostiene y comparte sus días conmigo.
Agradezco ser quien soy y estar dónde estoy.
Antes de cerrar los ojos hoy, agradeceré querer abrirlos bien grandes mañana.

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Gracias
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