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Inspirar

Y se vienen pasando los dolores del cuerpo, del corazón y de la cabeza a base de espiración, secuela inmediata de la inspiración.  Y es cuándo siento que inspirando, el aire no fluye, no recorre sin barreras mi interior, no llega a rodear mis órganos, a meterse dentro de mis tejidos, no me permite distinguir el espacio entre mis huesos y la tierna y a la vez dura intersección de éstos, ni mi musculatura estirándose para dejar paso al soplo…cuando la inspiración se detiene en un punto superficial y no va más allá, y me conduce a un suspiro, más que una exhalación purificadora; es ahí cuándo decido que mis días no pueden pasar entre inspiraciones a medias y suspiros insatisfechos, es ahí cuando me siento en silencio, con la intención de permitir a mi cuerpo que respire como quiera, que me diga lo que ocurre, que se libere sin presiones, que me de pistas, que me ayude a moverme a otro lugar, o no… que simplemente sepa que tiene el espacio, el tiempo y la paciencia de su lado, que ya no tengo prisa, que ya no tengo ansias por avanzar rápidamente a costa de él, ni tampoco intención de hacerlo a “lo loco” desoyendo el repique constante…
Y de pronto, al cabo de un rato largo sentada en silencio, escucho mi respiración (hasta ese momento orquestada con poco tino) ocupada en desenmarañar los nudos, cuidadosa en su recorrido, acariciando suavemente  cada aspereza, llevando el flujo a cada rincón ignorado durante los días anteriores, permitiendo el funcionamiento correcto, conocido, saludable, vigoroso que realmente INSPIRA.
E inmediatamente después, un compás más armonioso vuelve a formar parte de mi deambular, vuelve a conectarme conmigo y a conmoverme por dentro y por fuera. Y me doy cuenta del camino que aún queda por recorrer y me siento tremendamente afortunada por haberme descalzado para iniciarlo.

Camino atenta, no obstinada, observando cuando mi inspiración se esfuma, se modifica o da paso a un suspiro en lugar de provocar un exhalar liberador; entonces me detengo (aún no tan pronto como me gustaría), y  me siento o me mezo lentamente iniciando una práctica suave de yoga… Y consigo permanecer en ese preciso instante en el que todo está ocurriendo y reconozco la preocupación…Inspiro…ora la suspiro ora la consigo exhalar hasta el final, y entonces la reconozco también, pero ahora es la insignificante preocupación, algo baladí que ha aprendido a adherirse a los rincones donde mis emociones la pierden de vista y puede hacerse fuerte hasta invadirlas y confundirlas. Pero descubrí el escondite y en ese instante yo, ya puedo expirar (las).

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Ilustración Noemí Villamuza
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