Masajes

Presencia y Atención

En unos días, ya no son semanas, ni un mes, ni un sueño en mi cabeza… sino que es tan real como que en dos días comienzo a trabajar en un espacio que antes de habitar ya siento como mío.
Un espacio luminoso y diáfano donde materializar algo con lo que vengo soñando desde hace tiempo, dándole forma en mi cabeza, imaginando cómo sería dedicar al 100% mi tiempo a trabajar con el cuerpo, para el cuerpo y a través del cuerpo, para acompañar a las personas en un recorrido interno, en una toma de conciencia más honda, no sólo del propio cuerpo (a través de la escucha  serena y quieta de este); sino de las propias emociones y patrones de comportamiento que hemos ido incorporando a nuestro vivir.
Cada masaje, cada contacto es para mí un viaje. Un viaje y un diálogo del que soy contertulia, asistente y aprendiz. Un viaje que sé donde comienza pero nunca dónde me lleva, algo sencillo y profundo que dirige mis movimientos como explorando un lugar recóndito y nuevo, un lugar aún con recelo al tacto de mis manos, pero con la curiosidad suficiente como para confiar. Es desde esta confianza que el cuerpo se entrega, se rinde a lo que de alguna manera ansía desde hace tiempo. Y es aquí que esta técnica fina y discreta opera mágicamente abriendo un canal sensitivo e intuitivo a través de un toque consciente.

Como terapeuta he comprobado que es esa presencia y esa atención en el contacto lo que facilita y simplifica todo el proceso. Cuando la persona siente que hay un cuidado, un respeto, una delicadeza en la manipulación, un cariño (por qué no) se eliminan los obstáculos que a priori pudiéramos poner.

Es a través de la calidad del contacto que traemos la conciencia al cuerpo.

Y es que creo sinceramente que ese momento durante el masaje en el que estás tumbado, entregado y confiando en otra persona, es un momento único; un momento en el que sólo existes tú, todo lo que ocurre es para tí y está dentro de tí. Un momento en el que nada de lo habitual tiene cabida y ocurre un fenómeno insólito: estás sólo contigo, escuchándote como nunca, sintiéndote desde dentro hacia afuera, tal vez recordando algo, tal vez intuyéndolo, tal vez simplemente siendo consciente por primera vez de como el recorrido de tu respiración acaricia tus órganos, tus huesos, tus tejidos y los llena de vida.

Me gusta pensar que en el fondo estamos necesitando reconectarnos con eso, volver a conmovernos con lo que somos y hemos sido siempre, con lo olvidado, con la necesidad de volver a ese lugar común dentro de nuestro corazón; me gusta pensar que con mis manos (y pies) consigo escoltar a los valientes hacia ese viaje a su interior.

Por eso este martes surge algo grande…. algo que dejo salir.

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