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Formar parte

Formar parte de la vida de alguien se está convirtiendo con el tiempo en algo que necesito agradecer y valorar. Siento que no sirve sólo con estar en la vida de las personas y que éstas estén en la tuya, porque no es sólo estar, porque cada pequeña interacción modifica cosas dentro de una, desde un abrazo hasta un desacuerdo (también la manera de resolverlos); desde compartir un vino hasta cuidar de esa persona cuando está enferma; desde pensar en el tiempo que llevas sin verla hasta darte cuenta de que es el mismo que hace que no la llamas; desde recibir una visita en tu ciudad hasta ser esperado con ilusión en cualquier otra; desde una sonrisa durante una clase hasta un roce antes de dejarte subirte a la bicicleta… y así un sinfín de momentos que pasan desapercibidos.
Sentada en el suelo, con la casa en silencio y por fin, después de una semana devastadora, la cabeza taciturna por el desgaste, también silenciosa…encuentro que entre los rasguños que me he ido haciendo por dentro, como si de reproducir un hormiguero se tratara, se filtra una luz, una sensación luminosa de paz y agradecimiento.
En nuestro día a día hay personas que nos apoyan, que nos iluminan, que nos sostienen, que nos recuerdan lo que hemos venido a hacer, no con palabras, sino sujetando con delicadeza el cabo inicial de toda la maraña que portamos…lo sujetan firmemente y te mueven con suavidad para tomar perspectiva, para que ese cabo encuentre el camino a seguir para desenmarañarse…Según escribo me doy cuenta de que eso es exactamente lo que suelo hacer con la cuerda de escalada cuando se enrolla, la muevo suave y con firmeza, sin inmiscuirme en el recorrido, no uso mis manos (nada de fuerza), que sea el movimiento quien deshaga el nudo y sucede. El nudo se deshace sin resistencia y vuelve la normalidad.

Volviendo al hilo inicial, hoy reconocía que tengo tantísima gente formidable alrededor que todo merece ser vivido con entusiasmo y con la entereza que pueda, porque siempre (al menos en mi caso), si me falta un trocito de este aplomo ellos me lo reemplazan con creces, sitúan con destreza mi mirada en la zona oculta para mí consiguiendo inspirar determinación,  ¿quién dijo miedo?.

Creo que no es algo que me suceda a mí únicamente, el estar rodeado de “monstruos extraordinarios” disfrazados de amigos de “andar por casa“; y se me ocurre que cada uno de nosotros significamos lo mismo para alguien. No hay otra posibilidad y esto me llena las entrañas de cosquillas, así pues este domingo despistado os lo brindo.

Para toda mi escolta de monstruos: Gracias

anaescalada
 Jabi, gracias por inmortalizar ese instante conmigo misma

 

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